Hay películas que funcionan mientras las estás viendo y otras que siguen funcionando incluso después de terminar. The Drama entra completamente en esa segunda categoría. Es una película rara, incómoda y hasta caótica por momentos, pero precisamente ahí está gran parte de su personalidad. No intenta ser una experiencia fácil ni tampoco una historia convencional. De hecho, cuanto más avanza, más sensación da de que quiere incomodar al espectador y obligarlo a pensar sobre lo que está viendo. Lo primero que me sorprendió fue el nivel interpretativo de Robert Pattinson. Está increíble. Lleva ya años demostrando que dejó atrás cualquier etiqueta que pudiera tener en el pasado, pero aquí directamente parece jugar en otra liga. Tiene una presencia constante durante toda la película y consigue transmitir muchísimo incluso cuando no está diciendo nada. Hay escenas donde simplemente con una mirada o un silencio genera más tensión que otros actores con un monólogo entero. Su personaje se siente roto, perdido y completamente atrapado dentro de un entorno que parece empujarlo siempre al límite. Y aun así, Zendaya no se queda atrás en absoluto. De hecho, creo que la química entre ambos es una de las cosas que hace que la película funcione tan bien. Ella aporta una energía diferente, más contenida emocionalmente, pero igual de potente. Hay momentos donde parece ser la única persona consciente del desastre que ocurre alrededor, y eso hace que muchas escenas tengan todavía más fuerza. Lo interesante es que ninguno eclipsa al otro. La película necesita a los dos al mismo nivel para que todo encaje. Otro de los aspectos más potentes de la película es su fotografía. Visualmente tiene muchísima personalidad. Hay un uso de la iluminación y del color que hace que casi toda la película tenga una sensación extraña, como si todo estuviera constantemente a punto de explotar. Los planos están muy cuidados y muchas escenas parecen diseñadas para generar incomodidad. Incluso cuando los personajes están simplemente hablando, la cámara consigue que sientas tensión. Además, hay algo casi hipnótico en cómo está rodada. Tiene escenas muy oscuras pero al mismo tiempo logra mantener una estética elegante. No cae en el típico estilo “indie” vacío que solo busca verse bonito. Aquí la fotografía realmente ayuda a reforzar el tono de la historia y el estado mental de los personajes. Todo parece frío, artificial y exageradamente violento, como si la película quisiera mostrar una versión deformada de la realidad estadounidense. Y precisamente ahí entra uno de los temas más interesantes de The Drama: la crítica social. La película utiliza la comedia negra para hablar de algo mucho más serio. Detrás de muchos momentos absurdos o incluso ridículos hay una crítica bastante clara hacia la sociedad estadounidense actual, especialmente en relación con las armas y la normalización de la violencia. Lo interesante es que no lo hace de forma moralista ni intenta dar lecciones constantemente. Simplemente te mete dentro de un entorno donde las armas forman parte de la vida cotidiana y donde la violencia parece estar tan normalizada que los propios personajes reaccionan con indiferencia a situaciones completamente surrealistas. Eso hace que muchas escenas den más miedo de lo que parece a simple vista. La mezcla de géneros también es una de las cosas más llamativas. La película funciona como una comedia negra, pero tiene algo casi monstruoso, como un dragón que nunca sabes cuándo va a atacar. Hay una sensación constante de peligro e imprevisibilidad. Nunca termina de estabilizarse emocionalmente y eso provoca que el espectador esté incómodo durante casi toda la duración. Puede hacerte reír en una escena y dejarte completamente descolocado en la siguiente. Y sinceramente, creo que ahí está su mayor acierto. Hoy en día muchas películas parecen hechas siguiendo exactamente la misma fórmula, intentando no arriesgar demasiado para gustar a todo el mundo. The Drama hace justo lo contrario. Tiene personalidad, tiene estilo y sobre todo tiene algo que decir. Puede que no sea una película perfecta y seguramente habrá gente que conecte cero con su tono, pero es imposible negar que deja huella. Al final, lo que más me gustó es que no sentí que estuviera viendo una película diseñada únicamente para entretener durante dos horas y olvidarla después. Tiene escenas que se quedan en la cabeza, diálogos incómodos, actuaciones brutales y una atmósfera muy particular que la hace diferente a prácticamente cualquier estreno reciente. Entre el trabajo espectacular de Robert Pattinson y Zendaya, la fotografía tan cuidada y la forma en la que critica la sociedad estadounidense actual, termina siendo una película que merece muchísimo más análisis del que parece a simple vista. Navegación de entradas Crítica de Los SUPERfrikis