Hay juegos que buscan sorprender con ideas completamente nuevas y otros que prefieren mirar hacia atrás, rescatar aquello que nos hizo enamorarnos de los videojuegos y darle una nueva forma. Duskfade pertenece claramente al segundo grupo, pero lo hace con una personalidad y un mimo que consiguen que su propuesta vaya bastante más allá de ser un simple ejercicio de nostalgia. El nuevo trabajo de Weird Beluga, estudio español responsable de Clid the Snail, llega dispuesto a recuperar el espíritu de aquellos plataformas y aventuras 3D que marcaron la época de PlayStation 2, y lo hace mezclando influencias tan evidentes como Jak and Daxter, Ratchet & Clank o Kingdom Hearts. El resultado es una aventura que entra por los ojos desde el primer momento, que transmite muchísimo cariño por los clásicos y que, pese a algunos pequeños problemas de lanzamiento, consigue construir una experiencia tremendamente agradable. Y es precisamente esa sensación de estar ante un juego que podría haber salido perfectamente durante la época dorada de los 128 bits la que hace especial a Duskfade. No estamos ante una producción que intente esconder sus referentes; todo lo contrario. El equipo de Weird Beluga parece orgulloso de ellos y los utiliza como punto de partida para construir su propio universo. El protagonista, sus escenarios, determinados elementos de la interfaz, algunos diseños y hasta ciertas situaciones recuerdan inevitablemente a Kingdom Hearts, mientras que el movimiento, la exploración y la estructura de las zonas nos transportan directamente a los grandes plataformas 3D de comienzos de los 2000. Un viaje directo a la época dorada de PS2 Si creciste jugando a Jak and Daxter, Ratchet & Clank, Sly Cooper o los primeros Kingdom Hearts, es prácticamente imposible que Duskfade no consiga despertar algo dentro de ti. Hay una familiaridad constante en su diseño que no se siente como una copia, sino como un homenaje realizado por desarrolladores que conocen perfectamente aquello que quieren recuperar. El juego entiende muy bien qué hacía especiales a aquellos títulos: mundos coloridos, personajes carismáticos, una aventura sencilla de seguir, plataformas, secretos, coleccionables y una progresión basada en conseguir nuevas habilidades que permiten acceder a lugares anteriormente inaccesibles. La comparación con Jak and Daxter es especialmente acertada cuando nos ponemos a los mandos. El movimiento es uno de los pilares fundamentales de Duskfade, y rápidamente comenzamos a combinar saltos, doble salto, desplazamientos, ganchos y otras habilidades para movernos por los escenarios. La sensación de controlar a un personaje que puede recorrer un mundo saltando, girando y encadenando movimientos es tremendamente satisfactoria y recuerda a una época en la que los plataformas 3D tenían una presencia mucho mayor dentro del catálogo de las consolas. Además, los escenarios están llenos de pequeños secretos y objetos que animan a desviarnos del camino principal. Quizás el mayor mérito de Duskfade sea que consigue recuperar esa sensación sin convertirla en una experiencia anticuada. Evidentemente, estamos ante un juego moderno, realizado con tecnología actual y con una presentación visual muy superior a la que tenían aquellos títulos, pero su filosofía jugable es deliberadamente clásica. No necesitas aprender decenas de sistemas ni pasar horas leyendo menús para entender lo que tienes que hacer. Explorar, saltar, combatir, conseguir habilidades y descubrir qué se esconde detrás de cada rincón. Sencillo, directo y tremendamente efectivo. Un apartado artístico realmente precioso Si hay algo que destaca desde los primeros minutos es su apartado artístico. Duskfade es un juego precioso, y buena parte de la personalidad que transmite se debe precisamente a la dirección artística. Sus escenarios presentan una enorme variedad de ambientes y consiguen que avanzar hacia una nueva zona siempre tenga ese pequeño componente de curiosidad por descubrir qué nos espera. Desde paisajes naturales hasta zonas mucho más fantásticas, el mundo de Tearfeld consigue sentirse como un auténtico lugar de aventuras. La influencia de Kingdom Hearts resulta especialmente evidente aquí. Hay escenarios y composiciones que recuerdan muchísimo a la saga de Square Enix, pero Weird Beluga sabe combinarlos con sus propias criaturas, personajes y conceptos para crear algo que termina teniendo identidad. Es uno de esos juegos en los que apetece detenerse unos segundos simplemente para mirar el escenario, observar cómo está construido un lugar o descubrir algún detalle escondido. También merece una mención especial Tick Town, el centro neurálgico de la aventura. Esta ciudad funciona como punto de descanso entre nuestras diferentes expediciones y está poblada por los simpáticos nubinos, unas criaturas que aportan buena parte del encanto y del humor del juego. Volver a Tick Town después de completar una misión tiene una sensación muy agradable porque podemos hablar con sus habitantes, descubrir cómo evolucionan determinadas situaciones y realizar diferentes mejoras o personalizaciones. Es, además, uno de esos hubs que dan ganas de visitar. Puede parecer un detalle menor, pero en un juego de aventuras es importante que exista un lugar al que realmente quieras regresar. Tick Town funciona precisamente por eso: tiene personalidad, personajes reconocibles y suficientes pequeños detalles como para que no parezca simplemente un menú gigante disfrazado de ciudad. Una historia sencilla que sabe tocar la fibra Otro de los grandes aciertos de Duskfade está en su historia. Quizás no estamos ante una narrativa especialmente compleja o revolucionaria, pero tampoco pretende serlo. La aventura utiliza conceptos como el paso del tiempo, la pérdida, la familia, la amistad y la necesidad de aceptar determinadas situaciones para seguir adelante. Son temas bastante universales que funcionan especialmente bien dentro de una aventura con este tono. Aquí vuelve a aparecer la sombra de Kingdom Hearts, especialmente en determinados personajes, situaciones y conceptos relacionados con la memoria y la identidad. Sin embargo, lo importante es que Duskfade consigue que sus protagonistas tengan algo que decir por sí mismos. Puede haber momentos en los que sepamos perfectamente hacia dónde quiere llevarnos la historia, e incluso algunos acontecimientos pueden resultar previsibles, pero eso no impide que funcionen emocionalmente. Y eso tiene mucho mérito. Una historia no necesita sorprender constantemente para emocionar. Duskfade entiende perfectamente esta idea y apuesta por una aventura accesible, con un mensaje claro y personajes que terminan ganándose nuestro cariño. Es probablemente uno de los elementos que más ayudan a que el juego se recuerde una vez aparecen los créditos. Una banda sonora que acompaña a la aventura La música es otro de los grandes protagonistas. La banda sonora de Rafa del Olmo encaja como un guante con la propuesta y consigue reforzar todavía más esa sensación de estar ante una aventura de principios de los 2000. Los temas tienen una importante presencia orquestal y acompañan tanto los momentos de exploración como las situaciones más emotivas. Y esto es importante porque una buena banda sonora puede cambiar completamente la percepción que tenemos de un videojuego. En Duskfade, la música no está simplemente de fondo mientras jugamos, sino que ayuda a construir la identidad de cada lugar y a reforzar el tono de la historia. Hay melodías que consiguen transmitir aventura, otras que aportan ese toque de misterio y otras que funcionan especialmente bien cuando el juego busca emocionarnos. Incluso existe un pequeño minijuego musical relacionado con la banda sonora, un detalle que demuestra hasta qué punto el equipo ha querido darle importancia a este apartado. Es otro de esos pequeños detalles que hacen que Duskfade se sienta como un proyecto realizado con mucho cariño. El combate es su asignatura pendiente No todo es perfecto y aquí es donde encontramos uno de los principales problemas de Duskfade. Mientras que el plataformeo y la exploración funcionan realmente bien, el combate puede terminar resultando demasiado sencillo y repetitivo. Los enfrentamientos se apoyan en una estructura bastante básica y, después de varias horas, podemos tener la sensación de que estamos utilizando constantemente los mismos recursos. Esto se nota especialmente porque el resto del juego tiene bastante más variedad. El movimiento va incorporando nuevas posibilidades, los escenarios nos invitan a explorar y los coleccionables consiguen mantener nuestra atención, pero el combate no evoluciona al mismo ritmo. Hay poderes y habilidades que aportan nuevas opciones, aunque su impacto en los enfrentamientos no siempre es tan grande como nos gustaría. Los jefes consiguen romper un poco esa monotonía y ofrecen encuentros más interesantes, pero habría sido fantástico encontrar una mayor variedad de enemigos, ataques y posibilidades estratégicas. Es probablemente el apartado que más claramente demuestra que estamos ante un estudio independiente con margen para seguir creciendo. Demasiado sencillo en algunos momentos Esta sencillez no se limita exclusivamente al combate. Duskfade apuesta claramente por ser una aventura accesible para prácticamente cualquier jugador, y eso tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Por un lado, resulta muy fácil entrar en su propuesta y disfrutarla sin frustraciones innecesarias. Por otro, quienes busquen un reto importante pueden terminar encontrando una experiencia demasiado sencilla. El plataformeo tampoco llega a alcanzar la complejidad de algunos de los grandes referentes del género. Hay momentos realmente divertidos y el movimiento es satisfactorio, pero determinados saltos o secciones podrían haber exigido algo más al jugador. El juego prefiere que avancemos disfrutando del viaje antes que castigarnos por cada error, y eso encaja perfectamente con su filosofía, aunque deja una pequeña sensación de oportunidad perdida para quienes queríamos un poquito más de desafío. A esto hay que añadir algunos pequeños bugs y problemas técnicos puntuales que pueden aparecer durante la aventura. No estamos hablando de algo que arruine la experiencia ni mucho menos, pero sí de detalles que se notan y que esperamos que el estudio pueda solucionar mediante futuras actualizaciones. En un proyecto de estas características es comprensible encontrar determinados aspectos por pulir durante los primeros días, y precisamente por eso confiamos en que el soporte posterior termine de redondear una experiencia que ya de por sí resulta bastante sólida. Una aventura que merece ser descubierta La duración también encaja perfectamente con la propuesta. La campaña puede rondar las once horas, aunque aquellos jugadores que quieran encontrar todos los coleccionables y descubrir todos los secretos tendrán motivos para dedicarle algunas horas adicionales. Además, muchos de esos coleccionables tienen recompensas relacionadas con la personalización, lo que aporta un incentivo interesante para quienes disfrutan completando los escenarios al máximo. Y quizás sea precisamente esa duración una de sus virtudes. Duskfade no necesita alargar artificialmente su aventura para justificar su existencia. Cuenta lo que quiere contar, nos presenta su mundo, nos permite explorar sus escenarios, conocer a sus personajes y disfrutar de su música, y cuando llega el momento de despedirnos lo hace dejándonos con ganas de volver a Tearfeld. Conclusión Duskfade es uno de esos juegos que consiguen recordar por qué nos enamoramos de los videojuegos hace tantos años. No inventa de nuevo el género ni pretende revolucionar los plataformas 3D, pero tampoco lo necesita. Weird Beluga ha entendido perfectamente qué elementos hicieron tan especiales a los clásicos de PlayStation 2 y los ha recuperado para construir una aventura moderna, bonita y, sobre todo, realizada con muchísimo cariño. Sus influencias de Kingdom Hearts son evidentes, especialmente en el apartado artístico y narrativo, mientras que su jugabilidad mira directamente hacia Jak and Daxter y otros grandes plataformas 3D de aquella generación. Y lejos de ser un problema, estas referencias funcionan como una carta de amor a una época que muchos jugadores echamos de menos. El apartado artístico es precioso, la banda sonora es fantástica, el mundo tiene muchísimo encanto y la historia, pese a pecar en ocasiones de sencilla, consigue transmitir emociones. Sus principales problemas están relacionados con un combate que puede hacerse repetitivo, una dificultad quizás demasiado baja y algunos pequeños bugs que confiamos en que sean corregidos mediante actualizaciones. Pero cuando terminas Duskfade, lo que queda no son esos pequeños defectos. Lo que queda es la sensación de haber vivido una aventura bonita, sincera y tremendamente nostálgica, una de esas experiencias que parecen hechas por alguien que un día jugó a Jak and Daxter y Kingdom Hearts, se enamoró de ellos y decidió intentar recuperar aquella magia. Y lo mejor de todo es que Duskfade demuestra una vez más que el videojuego español tiene muchísimo que decir. Weird Beluga ha creado una aventura que puede mirar de tú a tú a sus referentes sin necesidad de esconderlos, y aunque todavía tiene margen para mejorar, especialmente en el combate y la profundidad de algunas mecánicas, el resultado final es suficientemente sólido como para recomendarlo sin demasiadas dudas. Duskfade es nostalgia, color, música y aventura. Es un pequeño homenaje a una época que muchos creíamos perdida y que vuelve a demostrar que los clásicos todavía tienen mucho que enseñar. Lo mejor: Un apartado artístico precioso, una magnífica banda sonora, una historia emotiva, un mundo lleno de encanto y unas mecánicas de plataformas que recuperan con acierto el espíritu de la era PS2. Lo peor: El combate puede resultar repetitivo, la dificultad es demasiado baja en algunos momentos y existen algunos pequeños bugs que deberían poder solucionarse con futuras actualizaciones. Veredicto: Duskfade es una aventura especialmente recomendable para quienes crecieron con los grandes plataformas 3D de PS2 y para cualquiera que busque actualmente una experiencia colorida, accesible y con muchísimo corazón. Navegación de entradas Star Wars Zero Company presenta su tráiler final antes de lanzarse a la batalla Descubrimos las voces del doblaje al español de The Blood of Dawnwalker