Hay juegos que están diseñados para jugar con amigos y luego está Big Walk, una aventura cooperativa que entiende perfectamente que la gracia de compartir una partida no está únicamente en superar juntos los obstáculos, sino en todo lo que ocurre mientras intentamos hacerlo. House House, responsables de Untitled Goose Game, han creado una experiencia en la que caminar, explorar, perderse, discutir una solución o incluso hacer el tonto con nuestros compañeros forma parte del propio juego. En PS5 podemos disfrutar de partidas cooperativas de entre 2 y 12 jugadores, aunque es evidente que la experiencia está pensada para compartirla con un grupo de amigos y hablar constantemente entre nosotros.

Y precisamente ahí encontramos una de las grandes ideas de Big Walk: la comunicación no es simplemente una herramienta para hablar con nuestros amigos, sino una mecánica jugable más. El chat de proximidad funciona de una manera fantástica, haciendo que nuestras voces se escuchen con mayor o menor intensidad dependiendo de la distancia a la que nos encontremos. Si nos alejamos demasiado, dejamos de escuchar a nuestros compañeros, mientras que determinados espacios modifican incluso la forma en la que percibimos sus voces. Esto provoca situaciones tan sencillas como estar buscando a alguien por el mapa y escucharle a lo lejos, o tener que acercarnos físicamente para poder explicarle qué hemos descubierto. El propio sistema de comunicación consigue que los jugadores estén constantemente pendientes unos de otros, algo que puede parecer una decisión pequeña sobre el papel, pero que termina teniendo una importancia enorme durante la partida.

Los puzles convierten la comunicación en el verdadero protagonista

Si hay algo que nos ha sorprendido especialmente de Big Walk es la manera en la que utiliza esta mecánica para diseñar sus puzles. No estamos ante los típicos rompecabezas cooperativos en los que simplemente tenemos que pulsar dos botones al mismo tiempo o colocar a dos personajes sobre unas plataformas, sino que muchos de los desafíos nos obligan a comunicarnos de maneras bastante ingeniosas. En algunos momentos podremos estar separados por diferentes zonas, con información que solamente tiene uno de nosotros, obligándonos a encontrar una manera de transmitirla al resto; en otros tendremos que utilizar elementos del escenario, radios, gestos o incluso nuestra propia posición para conseguir que nuestros compañeros entiendan qué tienen que hacer.

Esto provoca algo que nos ha gustado muchísimo: los puzles terminan generando conversaciones y situaciones que difícilmente se podrían repetir de la misma manera con otro grupo. Una solución que parece evidente para uno puede resultar completamente absurda para otro, y en más de una ocasión acabaremos discutiendo qué tenemos que hacer mientras uno intenta explicar lo que está viendo y otro se encuentra en el otro extremo del mapa. Las radios son especialmente interesantes porque amplían las posibilidades de comunicación cuando estamos separados, mientras que otros elementos del escenario nos obligan a buscar soluciones alternativas cuando simplemente hablar no es suficiente. Es una forma muy inteligente de conseguir que la cooperación no sea una obligación artificial, sino el centro de la experiencia.

De hecho, uno de los mayores aciertos de Big Walk es que consigue que incluso los momentos en los que no estamos haciendo nada especialmente importante puedan resultar divertidos. Explorar el escenario, descubrir una estructura a lo lejos, intentar averiguar para qué sirve un objeto o simplemente seguir a nuestros compañeros puede terminar provocando alguna situación absurda. La física, los gestos y la libertad que ofrece el mundo hacen que haya una sensación constante de estar jugando con nuestros amigos en lugar de estar siguiendo una lista de objetivos. Es uno de esos juegos en los que probablemente recordaremos más una conversación absurda o una solución improvisada que el propio puzle que acabamos de completar.

La noche y una iluminación que nos obliga a cooperar

Otro de los elementos que más nos ha gustado es la iluminación nocturna. Big Walk cuenta con ciclo de día y noche y, cuando cae el sol, el escenario puede quedar realmente oscuro. No estamos hablando simplemente de bajar un poco la iluminación para darle otro aspecto al mapa, sino de una situación en la que necesitamos utilizar una linterna o las diferentes fuentes de luz que encontramos por el escenario para poder seguir viendo correctamente.

Este detalle consigue que la noche tenga una personalidad propia y, sobre todo, que vuelva a aparecer la cooperación. Alguien tiene que llevar la luz mientras el resto intenta avanzar, y como los objetos tienen una interacción física bastante libre, incluso algo tan sencillo como transportar una linterna puede acabar provocando situaciones bastante divertidas. La iluminación consigue además crear algunos momentos visualmente muy bonitos, especialmente cuando recorremos zonas naturales completamente oscuras y solamente tenemos delante el pequeño espacio que consigue iluminar nuestra linterna.

Es un apartado que funciona especialmente bien porque no parece estar pensado únicamente para resultar bonito, sino que forma parte de la manera en la que exploramos el mundo. Pasar de recorrer una zona tranquilamente durante el día a encontrarnos prácticamente a oscuras durante la noche cambia por completo la sensación del escenario y hace que prestemos mucha más atención a dónde están nuestros compañeros.

Una aventura que funciona gracias a su sencillez

Visualmente, Big Walk apuesta por un estilo muy particular que mezcla personajes y elementos claramente desenfadados con escenarios naturales de bastante tamaño. No busca competir con las grandes producciones de PS5 en cuanto a realismo, pero sí consigue crear un mundo con mucha personalidad, y la escala de algunas zonas resulta bastante llamativa. El mapa invita constantemente a desviarnos del camino para investigar qué hay detrás de una colina, acercarnos a una estructura o comprobar qué hace algún objeto que acabamos de encontrar. Esa libertad, combinada con la ausencia de una experiencia excesivamente guiada, hace que el descubrimiento sea una parte fundamental del juego.

También nos parece importante destacar que Big Walk entiende perfectamente que no todo tiene que ser acción constante. Hay bastante tiempo dedicado simplemente a caminar y explorar, y precisamente ahí es donde entra el factor social. Si jugamos con amigos, esos desplazamientos se convierten en momentos para hablar, investigar el escenario o hacer cualquier tontería que se nos ocurra. Evidentemente, esto significa que si buscamos una aventura rápida y llena de acción probablemente su ritmo pueda parecernos demasiado pausado, pero si entramos en su propuesta y tenemos un grupo con el que compartirla, caminar deja de ser simplemente desplazarse de un punto a otro.

El problema de PS5: el rendimiento

Por desgracia, no todo funciona igual de bien y tenemos que hablar de uno de los problemas más importantes que hemos encontrado en la versión de PS5: las caídas de FPS. Hay determinadas zonas en las que el rendimiento baja de manera bastante evidente y, especialmente, hemos notado este problema en las zonas boscosas, donde la fluidez puede resentirse considerablemente. Es una lástima porque el resto de la experiencia consigue transmitir una sensación bastante agradable y relajada, y esos momentos de bajón rompen ligeramente con esa sensación.

No es un problema que nos haya impedido disfrutar de Big Walk, pero sí creemos que merece ser mencionado porque estamos ante un juego que, en términos visuales, no parece estar llevando a PS5 al límite de sus posibilidades y, aun así, presenta algunas situaciones en las que la tasa de imágenes por segundo cae demasiado. Otros análisis de la versión de PS5 también han señalado problemas de rendimiento, especialmente en el modelo base, aunque el impacto puede variar dependiendo de la zona y de la configuración utilizada.

Conclusión

Big Walk es una de esas experiencias que tienen mucho más sentido cuando las compartes con amigos. Su mayor virtud no está en ofrecer una historia espectacular ni en tener unos puzles extremadamente complejos, sino en haber construido alrededor de la comunicación una aventura cooperativa en la que hablar, escuchar, hacer gestos, utilizar radios, separarnos del grupo y volver a encontrarnos forman parte del propio videojuego. Los puzles aprovechan esta idea de maneras muy ingeniosas y consiguen que resolverlos juntos sea mucho más divertido que simplemente encontrar la solución.

Además, el ciclo de día y noche aporta variedad a la exploración y nos ha encantado especialmente el aspecto de las zonas nocturnas, donde la linterna pasa de ser un simple complemento a convertirse prácticamente en una herramienta imprescindible para continuar avanzando. Todo esto se combina con una estética muy característica, un mundo que invita a explorar y una física que genera constantemente situaciones inesperadas.

Su principal problema en PS5 es el rendimiento, con bajadas de FPS bastante acusadas en determinadas zonas, especialmente en los bosques, algo que esperamos que pueda solucionarse mediante futuras actualizaciones. Aun así, creemos que no consigue eclipsar todo lo que funciona bien en la propuesta de House House.

Big Walk nos ha parecido una aventura cooperativa muy divertida, diferente y, sobre todo, perfecta para jugar con amigos. Si tenéis un grupo con el que jugar, la experiencia gana muchísimo y es precisamente ahí donde entendemos todo lo que House House quería conseguir.

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